Comprueba el trabajo con la misma lista que utilizaste para contratarlo. Describe dónde observas cada incidencia y qué falta aclarar.

Ten a mano la propuesta aceptada cuando revises la limpieza. El recorrido final debe partir de las zonas y tareas acordadas, no de una idea distinta de «todo limpio» que aparezca al terminar. Si el alcance cambió durante el trabajo, reúne también esas aclaraciones.
Un recorrido que puedas repetir
- Revisa las estancias en un orden fijo para no saltarte ninguna.
- Comprueba las partes incluidas de suelos, ventanas y otros elementos.
- Identifica restos o zonas pendientes con una descripción y ubicación concretas.
- Comenta las observaciones con la empresa y acuerda cómo se revisarán.
«Hay restos en la guía inferior de la ventana del salón» permite localizar una observación. «No ha quedado bien» necesita más información. Si una tarea no estaba incluida, pregunta por ella por separado antes de considerarla un incumplimiento del alcance pactado.
No confundas una mancha que sigue presente con una prueba de que se puede quitar sin afectar al material. Si el tratamiento estaba pendiente de valoración, pide que la empresa explique qué ha podido comprobar y qué sigue sin resolverse. Esta guía no establece métodos de eliminación ni promete recuperar cualquier superficie.
Distinguir limpieza, reparación y obra pendiente
Puede quedar un defecto del acabado, una pieza por instalar o una zona que se volverá a ensuciar cuando termine otro oficio. Señala esos casos aparte. La empresa de limpieza no tiene por qué asumir una reparación o una retirada de material que no figure en su propuesta.
Si acordáis una nueva visita o un trabajo adicional, deja por escrito las zonas, tareas, fecha y condiciones que se hayan confirmado. Conserva las fotografías que ayuden a identificar la observación sin incluir datos personales innecesarios. La revisión visual no certifica el estado técnico de los acabados.